Siento morir el día sobre mis hombros,
percibo como mi garganta alberga el sabor de emociones que guardé,
y en mis sienes reposa el martilleo de esas ideas que no fueron.
Ahora mis entrañas buscan su acople,
anhelan ese disturbio candente con el que lo irrespetas.
Y, aún cuando mis párpados se rehúsen y quieran ignorar los gritos desesperados de la Venus que vive en mi interior,
mi ser está aquí, dispuesto a ti,
y ese peso en mis piernas es el que confirma que definitivamente no perecí con el día,
esa opresión en mi pecho es la que libera mis emociones,
ese lazo que me inmoviliza es también el que aquieta el martillo,
con tu avance, con tu ataque, es como renacen mis ideas,
es verdad, gano más cada vez que pierdo una batalla contigo.
Dicen que te anidaste en mi corazón,
pero yo te siento más bien en mi estómago,
porque me satisfaces, porque es allí donde danzan mis ilusiones
cada vez que tu imagen aparece.
Dicen que te anidaste en mi corazón,
pero yo te siento más bien en mis manos,
porque toco el cielo
cada vez que me rozas con tu mirada.
Dicen que te anidaste en mi corazón,
pero yo te siento más bien en mi lengua,
porque me saboreo
cada vez que te insinúas con un coqueteo.
Dicen que te anidaste en mi corazón,
pero yo te siento más en mi pecho,
porque me dueles
cada vez que como hoy prefieres instalarte y habitar en su ser….
Y este poema tan hermoso quien lo escribió?
ResponderEliminar