Es increíble ver como los docentes dejamos huellas en los educandos y cómo en un sólo instante nos convertimos en héroes o en ogros, ya que en el aula se proponen actividades que para el educador pasan por desapercibidas pero que para el niño marcan una etapa en su vida y un ejemplo de ello se da cuando se ridiculiza al estudiante frente a sus compañeros o cuando creemos que ellos son seres ignorantes, débiles y alumnos (individuo sin luz-sin conocimiento), los cuales no crean, no imaginan y no nos aportan nuevos conocimientos.
Lo anterior se ve reflejado en la lectura “El Caballo”, cuando el maestro minimiza a la niña, ignorando su conocimiento e imaginación, rotulándola como “tonta” “embustera” y creyendo que a lo que la niña se refiere es cosa de niños y que por tal razón no tienen importancia. No sólo eso cuestiona dentro de la lectura, sino también cómo el docente emplea la evaluación como medio para juzgar, ridiculizar, aterrorizar y dominar a la niña, creyendo que sus capacidades se destrozaban frente a ella.
Al referirnos al fragmento de un diario de un estudiante de quinto grado de la película “Escritores de Libertad”, se evidencia como los docentes dejan huellas corporales en el educando, cómo rotulamos y ridiculizamos al niño, pensando en que esta “estrategia” nos sirve para hacer que el niño calle y no sea el punto de indisciplina dentro del aula. Y no caemos en cuenta que ello marca a una persona para toda su vida, tanto así que derrumbamos sus habilidades y capacidades como persona.
Definitivamente el docente en el aula encuentra todo un ser lleno de riquezas, el cual molda y forma tras actividades del diario vivir, por ende los maestros debemos razonar frente nuestra labor más que en el impartir un conocimiento, ya que cada quien tenemos un cuerpo al cual formamos y enriquecemos y esto lo hacemos sobre todo en el colegio lugar en donde no solo nos nutrimos de conocimiento sino que también nos formamos como personas, por tal motivo es que los maestros podemos emplear la literatura como una herramienta de formación del cuidado del cuerpo, si nosotros dejamos volar esa imaginación tan magnifica que brinda la literatura, estamos permitiendo dejar huellas corporales de entrega, amor, felicidad, enriquecimiento y apasionamiento por el mundo de la escritura y la lectura.
Maestros estamos llamados a ser delegados de vida no devastadores de vidas
Lo anterior se ve reflejado en la lectura “El Caballo”, cuando el maestro minimiza a la niña, ignorando su conocimiento e imaginación, rotulándola como “tonta” “embustera” y creyendo que a lo que la niña se refiere es cosa de niños y que por tal razón no tienen importancia. No sólo eso cuestiona dentro de la lectura, sino también cómo el docente emplea la evaluación como medio para juzgar, ridiculizar, aterrorizar y dominar a la niña, creyendo que sus capacidades se destrozaban frente a ella.
Al referirnos al fragmento de un diario de un estudiante de quinto grado de la película “Escritores de Libertad”, se evidencia como los docentes dejan huellas corporales en el educando, cómo rotulamos y ridiculizamos al niño, pensando en que esta “estrategia” nos sirve para hacer que el niño calle y no sea el punto de indisciplina dentro del aula. Y no caemos en cuenta que ello marca a una persona para toda su vida, tanto así que derrumbamos sus habilidades y capacidades como persona.
Definitivamente el docente en el aula encuentra todo un ser lleno de riquezas, el cual molda y forma tras actividades del diario vivir, por ende los maestros debemos razonar frente nuestra labor más que en el impartir un conocimiento, ya que cada quien tenemos un cuerpo al cual formamos y enriquecemos y esto lo hacemos sobre todo en el colegio lugar en donde no solo nos nutrimos de conocimiento sino que también nos formamos como personas, por tal motivo es que los maestros podemos emplear la literatura como una herramienta de formación del cuidado del cuerpo, si nosotros dejamos volar esa imaginación tan magnifica que brinda la literatura, estamos permitiendo dejar huellas corporales de entrega, amor, felicidad, enriquecimiento y apasionamiento por el mundo de la escritura y la lectura.
Maestros estamos llamados a ser delegados de vida no devastadores de vidas

Poco se ve la lectura del texto Leer y escribir como experiencias corporales.
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